Eclesiásticos
El proceso de la evangelización es inseparable del avance español en el Nuevo Mundo. Desde que la reina Isabel reconoció a los indígenas como sus súbditos, la religión fue la parte del proceso de integración de la población indígena al imperio español. El fin religioso significó que el imperio fue un estado misional. Los religiosos tuvieron un papel fundamental en todos los procesos. Fueron, sí, los primeros cronistas de los descubrimientos, los primeros antropólogos y, naturalmente, los primeros filólogos de las lenguas indígenas.
Cuando Cristóbal Colón encontró una población indígena infiel se le encomendó a partir de su segundo viaje que los indios “sean bien informados de las cosas de nuestra santa fe”. Los Reyes de Castilla fueron encargados directamente del proceso de la evangelización de sus nuevos súbditos con el beneplácito del papa Alejandro VI. Este objetivo fue acompañado por la creación de las escuelas para instruir a los indígenas. Las Leyes Nuevas (1542) así reiteran este objetivo: “nuestro principal intento [de la Corona] y voluntad siempre ha sido y es de la conservación y aumento de los indios y que sean instruidos y enseñados en las cosas de nuestra Santa Fe Católica y bien tratados como personas libres y vasallos nuestros”.
Algunas veces escuchamos acusaciones contra los conquistadores y contra los frailes de destruir los vestigios de las culturas indígenas. Falso. La represión española no fue más allá de los adoratorios indígenas, muchas veces lugares dónde se sacrificaban seres humanos, y eran de escasa calidad artística. Los verdaderos vestigios de las culturas prehispánicas se han salvado gracias al empeño personal o de las autoridades. De otra manera, hoy no existirían tantos lugares donde se puede observar las construcciones y manifestaciones del arte indígena dispersos por todo el continente. Hasta el “altar de cráneos”, un terrible testimonio de los aztecas, que se encuentra en el Zócalo mexicano, quedó oculto al lado de la Catedral y no destruido por los supuestos “fanáticos religiosos” como algunos pretenden describir a los frailes de aquella época.
Agustín Dávila Padilla
Agustín de Betancur (Betancourt o Vetancourt)
Agustín de Coruña (Gormáz)
Alonso de Ovalle
Alonso de Zamora
Alonso Gregorio de Escobedo
Andrés de (de Segura) San Miguel
Antonio de Ciudad Real
Antonio de la Ascensión
Antonio de la Calancha
Antonio de Remesal
Baltasar de o fray Reginaldo de Lizárraga Ovando (Obando)
Bartolomé de Alva (Cortés Ixtlilxóchitl)
Bartolomé de las Casas
Bernardino de Sahagún (de Ribera o Ribeira)
Bernardo de Torres (Paredes)
Buenaventura (Sancho) de Salinas y Córdova
Cristóbal de Acuña
Diego Basalenque
Diego de Landa (Calderón)
Diego Durán
Diego López Cogolludo
Esteban de Asensio
Francisco de Ávila
Francisco Marroquín Hurtado
Gaspar de Carvajal
Gonzalo de Balsalobre
Gonzalo de Illescas
Hernando Barrado
Hernando Ruiz de Alarcón
Jacinto de la Serna
Jerónimo de Mendieta
Jerónimo Román (y Zamora)
José Vilamor Maldonado
Juan de Torquemada
Juan de Tovar
Juan de Ugarte
Juan de Zumárraga
Lope de Atienza
Lucas Fernández de Piedrahita
Luis Zapata de Cárdenas
Miguel de Aguirre
Miguel Venegas
Motolinia o fray Toribio de Paredes (de Benavente)
Pablo José de Arriaga
Pedro de Aguado y Antonio de Medrano
Pedro de Mercado
Pedro Ponce de León
Pedro Sánchez Aguilar
Pedro Simón
Rodrigo de Barnuevo